La turbidez decae. El cansado viento deja huellas de caricias en las delicadas hojas a su paso, unas mientras, responden al compás con su tenue danza o quizás le hagan la corte, otras ya marchitas, tratarán de acompañar sin perturbarle.
El cielo suspira. Las tristes gotas de su pena fluyen hacia la profundidad misteriosa del gran abismo, sí, allí donde es el final y dicen que también es el comienzo.
El fuego cesa. La muda flama lucha del ahogo consuntivo sin quejarse, sin poder llorar, y en la debilidad de su agonía sólo añora asirse, abrasarse y abrazarse.
Yo… Que a veces me encuentro.
16-05-2009

1 comentario:
HOLA EGO
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